Corría el año 1997 cuando por primera vez me enfrenté al reto de impartir clases de baile a la tercera edad. Se trataba de un programa institucional que pretendía llevar al mayor número de asociaciones de mayores la actividad del baile de salón.
Me imagino que si no incredulidad, al menos un cierto grado de sorpresa sí provocará que le dedique la siguientes líneas al dedo gordo del pie.
¿Cómo va a existir un Palacio Real que se precie sin su correspondiente Salón de Baile?. Pues el Palacio Real de Madrid, a lo largo de su historia, ha tenido no uno, sino dos salones de baile diferentes.
En mi última singladura por la red me he topado con un simpático vídeo indebidamente titulado “Perro baila salsa”.
Como ya quedó dicho, denomino postura abierta a aquella en la que los bailarines se toman de las manos.
Distinguimos dos variantes perfectamente diferenciadas: la abierta baja (manos a la altura de la cintura) y la abierta alta (manos a la altura de los hombros).
En la postura cerrada existen dos variantes que presentan ciertas diferencias con la que podríamos llamar estándar. La primera es la del tango y la segunda la de los bailes caribeños como la salsa, la bachata y el merengue.












